¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio XXIV: Vencer con un golpe indirecto.

  La victoria tebana en la batalla de Leuctra .

La victoria tebana en la batalla de Leuctra.

Epaminondas y los espartanos.

En el año 404 A.C. los atenienses se rindieron ante un bloqueo por tierra y mar del ejército espartano y sus aliados, las ciudades de la península del Peloponeso. Terminaba la larga y sangrienta Guerra del Peloponeso, luego de un poco más de veinticinco años de casi ininterrumpidas escaramuzas, asedios, asaltos y batallas campales y navales. Atenas, exhausta e indefensa luego de perder toda su flota en Egospótamos, perdió también su imperio de ultramar y poco a poco fue arrasada por la venganza de las ciudades que habían sufrido sus depredaciones en décadas de hegemonía. Pero el liderazgo político y militar de Esparta consideró indigno que la ciudad junto a la que había derrotado la invasión persa ochenta años atrás fuera reducida a cenizas por mezquinos enemigos. Los atenienses se salvaron, pero fueron reducidos a un poder menor en la política internacional de las ciudades-estado griegas; ahora era Esparta, una pequeña ciudad con un sistema social extrañísimo pero en general admirado por los demás griegos, el hegemón de la región y pronto inició una ambiciosa, aunque en ocasiones torpe, gran estrategia de influencia y coerción que la llevaría a enfrentarse a otras ciudades y alianzas griegas en los inestables años siguientes. 

Mientras Esparta combatía por consolidar su complicado imperio, la ciudad de Tebas hacía lo propio para unir a sus ciudades vecinas en una confederación de la región circundante de Beocia y establecía una nueva democracia sustentada en su población de campesinos-hoplitas. Uno de los líderes de esta nueva política tebana era Epaminondas, un aristócrata de una vieja pero arruinada familia que recibió una educación pitagórica y se distinguió desde joven en el entrenamiento y la milicia. Los tebanos habían sido durante todo el siglo V A.C. una de las ciudades más poderosas de Grecia, pero siempre eclipsada por la disputa entre Esparta y Atenas, en las que comúnmente se habían decidido a apoyar a la primera; pero ahora su nuevo régimen democrático y pretensiones expansionistas estaban levantando sospechas y resquemores en los espartanos, que se movilizaron para detener las aspiraciones tebanas en el año 371 A.C. luego de una fallida conferencia de paz en Corinto.

Las tropas espartanas y de sus aliados peloponesios eran dirigidas por el rey Cleómbroto I, y se dedicaron a saquear Beocia hasta que los tebanos y sus propios aliados se les enfrentaron cerca a la localidad de Leuctra. Los espartanos los superaban en número, pero Epaminondas, que había sido elegido beotarca y comandaba el ejército de Tebas, dispuso a su ejército en una extraña formación que le daba más fondo a sus líneas en el lado izquierdo y hacía uso de su superior caballería en los flancos. Las líneas de los espartanos lucharon con fiereza, pero no aguantaron la revolucionaría nueva táctica de los tebanos, y fueron derrotados. No solo eso, sus pérdidas incluían a cuatrocientos espartíatas, los guerreros de élite y columna vertebral del ejército espartano.

De igual manera, la victoria le procuró a Tebas la oportunidad estratégica de atacar el desprotegido Peloponeso y puso en seria duda la fama de invensibilidad de los espartanos. La batalla de Leuctra fue a la vez una derrota militar como política para Esparta, que en el transcurso de la consecuente guerra con Tebas estaría siempre a la defensiva.  Por su lado, Epaminondas, consiente de la oportunidad que se le presentaba, pidió el mando del ejército de su ciudad y se dirigió al corazón del poder espartano. En el Peloponeso, el líder tebano inició una campaña sistemática por destruir el poder de su enemigo. 

Ahora bien, luego de la derrota en Leuctra, los espartanos y peloponesios aliados rehuyeron al ejército tebano, que sumando aliados en el camino se componía ahora de una impresionante fuerza de al menos cincuenta mil combatientes. Sin poder definir todo en una batalla campal que los espartanos no querían, Epaminondas se vio obligado a saquear el país de los espartanos, Laconia, y hacer todo lo posible por socavar las fuentes de su poder de manera indirecta.

Esparta funcionaba bajo un particular sistema social dividido en castas y apalancado en la eugenesia. Los ciudadanos espartanos de pleno derecho, los homoioi, constituían una privilegiada minoría reservada para los asuntos de estado y la guerra, mientras que su vida de entrenamiento constante era soportada por los periecos e ilotas, los primeros dedicados al comercio y la artesanía y los segundos, siervos que trabajaban en los campos de Laconia y Mesenia. Buena parte de estos ilotas eran oriundos de ese país, una región vecina que había sido conquistada por los espartanos en el siglo VI A.C. y su población esclavizada desde entonces.

Epaminondas dedicó el resto de su campaña en el Peloponeso a liberar a la población ilota que permanecía bajo el yugo espartano y en el camino ayudar a todas las ciudades de la región que quisieran cambiar su régimen oligárquico pro espartano por una democracia alineada con la de Tebas. El principal objetivo del general tebano fue Mesenia, que sin la protección del guarnecido ejército lacedemonio cayó rápidamente y se declaró independiente. Epaminondas incluso ayudó a los ahora libres mesenios a construir la ciudad fortificada de Mesene para resistir una eventual campaña de reconquista espartana. Pocas semanas después se retiró a Tebas, habiendo excedido por mucho su mando legal como beotarca.

Durante los siguientes diez años Epaminondas realizó otras dos invasiones al Peloponeso para consolidar las áreas de influencia tebana y contener los contra ataques espartanos, pero luego de Leuctra y la primera campaña en la región, la hegemonía de Esparta había concluido efectivamente, dando paso a una corta preeminencia de la misma Tebas y su Liga Beocia. Epaminondas moriría en el 362 A.C. durante la batalla de Mantinea, en la que sus fuerzas tebanas derrotaron de nuevo a los espartanos y sus remanentes aliados.

Atacar los cimientos del poder.

La batalla de Leuctra y la campaña en el Peloponeso le permitió a Epaminondas destruir los dos cimientos del poder espartano: su fama de invensibilidad, puesta en serie duda luego de la derrota sufrida frente a los tebanos, y su dominio de las ciudades y población del Peloponeso, ahora libres y en abierta resistencia a la hegemonía espartana. 

En efecto, Esparta dependía sobremanera de las poblaciones puestas bajo su mando y de los aportes militares hechos por las ciudades aliadas. El sistema social espartano, que estaba obsesionado por la pureza de su estirpe guerrera, siempre mantuvo una población de homoioi bastante pequeña, que algunos historiadores calculan en poco más de cinco mil en los tiempos de mayor esplendor de la polis. Pero incluso este grupo requería de una enorme red de apoyo para poder dedicarse únicamente al entrenamiento físico, la práctica militar y la política. Eran los periecos e ilotas de Lacedemonia los que permitieron la proyección de poder de los espartanos y cuando Epaminondas decidió concentrar sus esfuerzos en liberar a buena parte de ellos estaba apuntando a este sistema de soporte.

Así, luego de la pérdida de Mesenia y de al menos la mitad de su población de siervos, los espartanos tuvieron que reajustar su sistema social, perdiendo buena parte de al autonomía de la oligarquía guerrera que estaba en el centro de su ciudad. Este proceso de marchitación del poder espartano inició con la campaña de Epaminondas, pero determinaría la decadencia de Esparta como potencia en Grecia durante las próximas décadas.

Por otro lado, al descomponer la alianza de ciudades del Peloponeso que configuraban el apoyo a Esparta, Epaminondas no solo redujo el potencial en hombres y dinero que podía reunir Esparta para una guerra, sino que a obligó a concentrarse en enfrentamientos en su vecindario, evitando que pudiera salir de la península a enfrentar el para entonces activo plan de expansión de los tebanos e incluso una breve recuperación de parte de los atenienses de su imperio marítimo.

Al final, la gran estrategia de ataque indirecto de Epaminondas da cuenta de dos cosas importantes. La primera, que no siempre los golpes directos son los más efectivos. La derrota permanente de un contrincante solo se consigue destruyendo las fuentes de su poder y en muchos sentidos, los enfrentamientos más obvios no suelen lograr esto. Y lo segundo, que a la hora de planear un curso de acción, el estratega debe tener en mente el objetivo a largo plazo de sus esfuerzos y no las pequeñas victorias que pueden resultar impresionantes en el corto plazo, pero insuficientes en el futuro. En este sentido, es tan importante ser efectivo como previsor.

Aún así.

Lo más importante de los ataques indirectos es identificar un objetivo claro y relevante. Estudiar con cuidado al contrincante para encontrar cuál es efectivamente el cimiento de su poder y luego definir con juicio la manera de hacerlo venirse abajo.

Verbis: Jenofonte y la obediencia.

Verbis: Homero y la valentía en el agotamiento.

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