¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio XX: Evitar la sobre extensión.

  El rey asirio Ashurbanipal de caza en un relieve de la ciudad de Nínive.

El rey asirio Ashurbanipal de caza en un relieve de la ciudad de Nínive.

Los últimos días de un imperio de mil años.

En el año 609 A.C las fuerzas conjuntas de Babilonia y Media entraban en la ciudad de Harrán, último bastión del hasta poco antes todo poderosos imperio de Asiria. Los asirios habían conquistado todo el próximo oriente durante los dos siglos anteriores y construido el primer imperio realmente multinacional de la historia. Las estrategias asirias habían sido terribles, pero efectivas: arrasar las ciudades que se opusieran a su dominio y esclavizar y trasladar de sus hogares a los pueblos súbditos que se consideraran demasiado revoltosos.

Sus conquistas los pusieron en posición de controlar incluso a las antiguas potencias de Babilonia, Egipto y Lidia. Reinos independientes de gran prestigio que reconocieron a los rey asirio como el Rey de reyes del mundo. La fuente del poder asirio era su ejército, el primero profesional en la historia y al menos al momento de la conquista, su disposición a usar el terror como un arma de dominación. Sin embargo, Asiria era un país comparativamente pequeño respecto a su imperio y sus recursos administrativos y militares se debilitaron en tanto debían estirarse al ritmo de crecimiento de sus dominios. 

Su política del terror tampoco ayudaba, pues los descontentos pueblos sometidos lanzaban constantes rebeliones par sacudirse del control asirio. Estas mismas llevaban a nuevas atrocidades y a intervenciones de los asirios en la geopolítica regional que ponía en choque a naciones enteras.

Aún así, el imperio se mantuvo por dos siglos, alcanzando su máximo esplendor y mayor expansión, bajo el gobierno del rey Ashurbanipal en la segunda mitad del siglo VII A.C. Pero justo después de su muerte, sus hijos se dispusieron a guerrear entre ellos por el control del imperio, mientras se levantaban revueltas en Babilonia, Egipto y Media. Los nobles gobernados por Asiria aprovecharon la cruenta guerra civil de sus dominadores para sacudirse su control. Los recursos humanos y financieros asirios, estrechados por las hostilidades en varios frentes y la guerra interna, apenas si pudo oponerse torpemente a los ejércitos enemigos.

Luego de unos cuatro años, Sin-Shar-Ishkun, uno de los hijos de Ashurbanipal, se alzó con la victoria en la guerra civil, pero ya por entonces casi la totalidad del imperio se encontraba en franca rebelión. El nuevo rey reunió todas sus fuerzas y logró detener el avance de los babilonios, pero a cada avance que realizaba en territorio enemigo, una de las provincias aún bajo su control se rebelaba u otro rey enemigo invadía su territorio. Desgastadas, las fuerzas asirias no pudieron detener una alianza entre babilonios y medos. Sin-Shar-Ishkun fue atrapado en la ciudad de Nínive -antigua capital y una de las ciudades más importantes de Asiria- y murió durante el asalto en el año 612 A.C.

La nobleza y los campesinos asirio se vieron sitiados en las pocas ciudades que quedaban bajo su control. Haciendo memoria de las propias atrocidades a los que los reyes asirios habían expuesto a sus pueblos, babilonios y medos no tenían piedad con quien caía en sus manos. Al final, Harrán fue la última ciudad con algo parecido a un gobierno asirio que sería asaltada por la alianza. El gran imperio, glorioso y todopoderoso hasta solo treinta años antes, era exterminado por sus propios súbditos.

Sembrar la muerte al abarcar mucho.

La historia del final del imperio Asirio -aunque se repita en buena parte de las entidades políticas que se han venido abajo- recoge la advertencia sobre los excesos de alcance de una ambición. Los reyes asirios y sus ejércitos adelantaron una expansión orgánica durante al menos ciento cincuenta años, que parecía necesaria y lógica desde sus intereses. No solo eso, como todo buen imperio desde entonces, expandir su territorio se convirtió en lo más parecido a una señal divina de ser especiales que reciben los pueblos.

Sin embargo, al superar el punto optimo en el que los recursos reales de una entidad como su imperio podía mantener el control efectivo sobre súbditos, ciudades y fronteras, los asirios se condenaron a que en una ocasión de debilidad todo se viniera abajo. En efecto, las guerras civiles por la sucesión de Ashurbanipal puso al imperio en un momento de riesgo que los descontentos y ambicioso súbditos del imperio aprovecharon demasiado bien.

Lo más impresionante del final del gobierno asirio del medio oriente es la rapidez con la que su hegemonía pasó a la casi irrelevancia política. Asiria continuaría siendo una entidad nacional -al día de hoy muchos sirios, turcos e iraquíes se consideran de cultura asiria- pero su papel en el desarrollo geopolítico de la región ha sido desde el imperio antiguo, exiguo. La espectacular caída de Asiria se debió a su sobre extensión, su uso excesivo de la crueldad y la migración forzada para controlar a sus súbditos y su incapacidad para incluir a las élites locales en el gobierno del imperio.

Incluso el famoso ejército que había conquistado medio mundo caería ante enemigos de todos los frentes y hasta el sistema administrativo más eficiente que el mundo hubiera conocido hasta entonces no podía soportar la seguidilla de desastres, guerras y rebeliones que marcaron los últimos años del imperio.

Así, es más importante saber cuándo detener una expansión de una organización, que seguir la ambición de aprovechar cada oportunidad para "correr la cerca" del vecino. Sin los recursos necesarios para sostener la crisis en medio de la expansión, ésta resulta terriblemente peligrosa para la existencia y viabilidad de esa organización. La mejor manera de evaluar si es conveniente expandir el techo de una casa no es sumando clavos, tablas y tejas, sino preguntándose, si llegado el caso, ese nuevo techo aguantará una tormenta.

Verbis: Publio Cornelio Escipión y los vicios.

Lectio XIX: Pagar las deudas.

0