¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio XVI: Aprovechar las crisis.

  Una estatua tributo a Platón. El filósofo confundió a su filósofo-rey con Dionisio el jóven de Siracusa, hijo del primer Dionisio que gobernó la ciudad, y vivió toda una temporada de frustración durante el tiempo que estuvo en la corte del segundo tirano de Siracusa.

Una estatua tributo a Platón. El filósofo confundió a su filósofo-rey con Dionisio el jóven de Siracusa, hijo del primer Dionisio que gobernó la ciudad, y vivió toda una temporada de frustración durante el tiempo que estuvo en la corte del segundo tirano de Siracusa.

Los barcos cartagineses en el horizonte.

En la antiguedad, la isla de Sicilia fue un lugar de recurrentes enfrentamientos entre los poderes del mediterraneo occidental, particularmente, los siglos de guerras entre las colonias griegas y la potencia naval africana de Cartago. En el año 406 A.C una importante ofensiva cartaginesa mandada por Aníbal Magón e Himilcón ganó varias victorias contra ciudades griegas en el oriente de la isla antes de que la potencia siciliana, la ciudad de Siracusa, entrara en acción.

El comandante siracusano Hermócrates sufrió algunas derrotas a manos de los cartagineses antes que un joven aristocrático llamado Dionisio pusiera a sus compatriotas en su contra y se hiciera elegir general de sus fuerzas. Luego de algunos avances en la guerra, Dionisio usó su popularidad para pedir un nombramiento como general absoluto del ejército siracusano. Lo logró, pero su siguiente pedido de una escolta personal fue denegado por temor a cómo la usaría.

Sin dejarse disuadir por la derrota en la asamblea, Dinisio orquestó un atentado ficticio contra su vida que le permitiría volver a solicitar una escolta. Consternados por ver a su general en peligro, los siracusanos le permitieron contratar un grupo de mercenarios para su seguridad personal. Dionisio se rodeó de leales hombres de armas y fue aumentando su cantidad de manera paulatina hasta controlar se facto la ciudad.

Algunos ciudadanos empezaron a resistir al general, cuando, para suerte de Dionisio, los cartagineses mandaron un ejército que avanzó hasta las cercanías de Siracusa. Dionisio utilizó la amenaza y el miedo de sus compatriotas a los cartagineses para confirmar su poder sobre la ciudad, ganando poderes especiales en la asamblea. Pero sin fuerzas suficientes para ganar, tuvo que firmar una paz poco honrosa con los cartagineses. Dionisio reconocía así las conquistas de Cartago en Sicilia, pero salvaba a Siracusa del invasor.

Dionisio utilizó los siguientes años para consolidar su poder dentro de Siracusa y construir un ejército para contratacar a los cartagineses. Ante cualquier duda de sus compatriotas o intento de poner en cuestión su posición, Dionisio usaba una ingeniosa y terrible mezcla de miedo a los cartaginses (si no era él ¿quién defendería a Siracusa de Cartago? Decía a sus conciudadanos) y de fuerza bruta aplicada por su leal escolta de mercenarios.

Sus siguientes campañas contra Cartago no fueron completamente exitosas y aunque su promesa de expulsarlos de Sicilia nunca se cumplió, Dionisio logró circunscribir el poder cartaginés al tercio más occidental de la isla, lejos de Siracusa, mientras expandía su influencia al sur de Italia e incluso Grecia con varias intervenciones, guerras y conspiraciones diplomáticas. 

Dionisio (luego conocido como "el viejo") murió en el 367 A.C y su hijo Dionisio el jóven lo sucedió. Sin la amenaza latente de Cartago, su reinado estuvo lleno de extravagancias e intentos por derrocar al tirano. Los cartagineses volvieron, pero luego de que Siracusa y sus aliados griegos soportaran años de inestabilidad, solo podrían ser salvados por Timoleón de Corinto. Quien, de manera similar a Dionisio, ascendió al control de Siracusa cuando todo parecía perdido.

Las crisis como oportunidad de ascenso.

Las crisis son momentos de caos. Suelen combinar la desesperación y el miedo de los involucrados con la inestabilidad de las mismas circunstancias. Ahora, en sistemas rígidos como una organización jerarquizada -o una ciudad griega del siglo IV A.C- una crisis es ante todo una oportunidad para ascender o consolidar una posición de poder. 

En este sentido, la historia de cómo Dionisio de Siracusa se hizo con el poder absoluto en su ciudad señala varios elementos importantes sobre el uso de las crisis para escalar en una organización. 

Lo primero es hacer énfasis constantemente en lo extraordinario de la situación. Esto no solo refuerza la necesidad de medidas extremas, desiciones arriesgadas o nuevos liderazgos, sino que genera justificaciones para esos mismos cambios. No solo es el ajuste por culpa de la emergencia, es la necesidad imperiosa de la misma la que la vuelve permanente.

Lo segundo es que independiente de la crisis, el poder es el poder, e incluso la más profunda ruptura del orden establecido termina. Dionisio no fue tímido ni lento a la hora de afianzar lo ganado luego de que la  crisis provocada por el avance cartaginés le permitiera aumentar su poder en Siracusa.  

Aún así.

Las crisis son momentos de cambio y aunque presentan oportunidades para ganar poder, también están llenas de riesgos de perderlo. Saber si la crisis presente reune los elementos para sacar provecho de ella es todo un arte. 

Lectio XVII: El poder de las apariencias.

Interim III: Las reglas de juego.

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