¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio XVII: El poder de las apariencias.

  Busto de César Augusto el primer emperador de Roma.

Busto de César Augusto el primer emperador de Roma.

El primero entre iguales.

El 21 de septiembre del año 31 A.C. en la batalla de Accio, César Octaviano, sobrino-nieto y heredero de Cayo Julio César derrotó al general romano Marco Antonio y a la reina egipcia Cleopatra en un corto pero definitivo enfrentamiento naval. Antonio y Cleopatra huyeron a Egipto, a donde Octaviano los persoguió y en donde ambos se suicidaron. 

Sin rivales, César Octaviano se convirtió en el hombre más poderoso de Roma y el último superviviente de casi un siglo de sucesivas guerras  civiles y desordenes políticos en Roma. El tío abuelo de Octaviano, Cayo Julio César, había logrado una posición similar diecieneite años atrás, pero sus ambivalencias frente a ser reconocido como Rey -además de su costumbre de perdonar enemigos- llevaron a su asesinato por un grupo de senadores descontentos.

Octaviano enfentaba dos retos entonces. El primero se refería a la consolidación de su poder absoluto en la política romana. El segundo, a realizar esto sin que los patricios, plebeyos y demás ciudadanos romanos lo vieran como a un "rey", un términos tabú en la tradición romana. En reto era importante y en el que dos hombres, Lucio Cornelio Sila y el mismo Cayo Julio César, habían fallado con anterioridad.

Durante los años previos a la batalla de Accio las instituciones republicanas romanas habían sido "suspendidas" por Octaviano, que había aplicado duras medidas y abusado de su poder para defender su gobierno. Alcanzada la victoria, Octaviano restauró al Senado como protagonista de la política romana, regresándole sus prerrogativas e incluso, al menos en el papel, su poder. Octaviano y Roma entera celebraron esto como la restauración de la República, luego de los años de guerra civil, pero la realidad era menos esperanzadora para el viejorepublicanismo romano.

Octaviano mantuvo el control del Senado a través de alianzas, recompensas y su indiscutible control sobre las legiones -a las que pagaba de su propio bolsillo- y aunque los senadores tenían algo que decir en el gobierno de las provincias y tenían regulares sesiones, apenas si "apoyaban" a Octaviano en su gobierno imperial. En términos formales, Octaviano rechazó el cargo de "dictador" que permitían las leyes romanas -y que Sila y César habían ostentado antes que él con efectos muy perjudiciales- y prefirió acumular otros cargos menores de la política romana. Así, tenía un poder formal enorme sin, formalmente, salirse de algunas de las reglas de las instituciones romanas.

En el 27 A.C el Senado romano le otorgó los títulos recien creados de "Augusto" y "Princeps". El primero lo convertía en "venerable", una figura casi religiosa pero desmarcada de la autoridad política de la realeza, que intentaba evitar a toda costa. El segundo hacía refierencia a verlo como el primero entre iguales, un formalismo que solo escondía la realidad de un poder absoluto para controlar las instituciones y a los políticos de Roma.

Guardando toda apariencia y afianzando su poder en las fuentes informales que le permitían controlar la política romana, Octaviano estableció un régimen autocrático en donde se celebraban los valores republicanos, donde él tenía el poder máximo, pero los senadores aún podían sesionar y repartise las migajas de poder y riqueza que él les dejaba. En fin, un Imperio que se creía República.

Reformar como un conservador.

El establecimiento de las instituciones imperiales por parte de Augusto señalan dos imprtantes lecciones para quien estudia ese proceso. 

Primero, sobre el cambio organizacional.  En efecto, hay dos formas de transformar algo, la revolución y el cambio incremental. La primera suele ser caótica, impuesta a la fuerza y llevar a resultados inesperados en el sistema bajo reforma. La segunda toma en cuenta el tiempo de adaptación natural que se hace necesario para que los miembros del sistema se adapten, al igual que sus intereses y percepciones.

Augusto tomó en cuenta no solo las lecciones aprendidas por varias décadas dehombres fuertes romanos intentando establecer su poder con figuras autocráticas que generaban resistencia, sino también laspreocupaciones de la clase senatorial -responsable de la muerte o caída de estos personajes- de mantener sus prerrogativas e incluso, sus tradiciones. Adelantó así una "reforma conservadora", donde las cosas cambiaron, aunque parecía que solo había regresado a como eran antes, mientras se mantenía contentos a los otros actores con poder de ese escenario.

Segundo, la trayectoria de Augusto da una lección sobre la importancia de las apariencias del poder.  En el tiempo de la batalla de Accio, Roma llevaba casi un siglo de guerras civiles sin que ningún romano se pudiera imponer sobre los demás por más de un par de años. Augusto tenía el reto de convertise en el autócrata de un pueblo que odiaba a los reyes y gobernar a una clase dirigente educada para competir, sobresalir y  turnarse el poder del Estado. Su genio estuvo en poder mantener respuestas institucionales a estas tradicionea políticas sin perder su poder o amenazar su posición, por ejemplo, entregando espacios de poder a los senadores, mientras él mantenía el control de lo que importaba (el dinero y el ejército).

Aún así.

Las mejores, más impresionantes o ingeniosas apariencias sin poder real son vanidad o torpeza. Augusto pudo mantener las apariencias de la República porque detrás del telón conservaba el poder duro de su increible riqueza, la lealtad de las legiones y una extensa red de clientes en todas las provicias que dependían de él. El respeto formal por las instituciones romanas le permitieron gobernar reduciendo la oposición de los gobernados, pero no eran la fuente de su poder.

Verbis: Tácito y la timidez.

Lectio XVI: Aprovechar las crisis.

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