¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio XV: La importancia de la legitimidad.

 Ciro II el Grande, primer Rey de Reyes persa y fundador del primer Imperio Universal de la historia.

Ciro II el Grande, primer Rey de Reyes persa y fundador del primer Imperio Universal de la historia.

El imperio inesperado de Ciro.

En el año 559 A.C Ciro sucedió a su padre Cambises I en el trono del pequeño reino de Persia, un territorio elamita vasallo del extenso, pero fugaz imperio Medo. Más ambicioso que sus propios limitados recursos y siempre atento a una oportunidad de aumentar su poder, Ciro se rebeló frente a Astiages, rey de Media en 550 A.C. Algunos generales medos traicionaron a su monarca luego de los primeros enfrentamientos y pronto Ciro pudo ocupar la capital meda de Ecbatana y someter un imperio que se extendía desde Capadocia en el oriente de la actual Turquía, hasta Margadia y Gedrosia en Asia Central y el río Indo.    

Ciro contaba con algunos argumentos para reclamar el trono de Media, sobre todo su parentesco con la nobleza meda. Sin embargo, el siempre laborioso nuevo rey inició una campaña de desprestigio contra su antecesor, Astiages, que cuestionaba su cuna y ponía a Ciro en el papel de salvador de los dominios e intereses de los medos. 

Pronto reanudó sus conquistas, luego de consolidar su poder en Media. En el año 547 A.C conquistó el rico reino de Lidia, derrotando al rey Creso, último de una poderosa dinastía que gobernó Anatolia por casi doscientos años. Ciro, que ya empezaba a establecer las instituciones de su imperio, perdonó a Creso e incluso lo hizo su consejero, al igual que incorporó a los nobles lidios a sus rangos. Esta costumbre de aceptar al liderazgo derrotado en el nuevo imperio se convirtió en una técnica de asimilación de nuevos pueblos que los demás imperios mundiales repetirían con probado éxito. 

Ocho años después, Ciro invadió el poderoso reino neobabilonio, el último gran poder en Medio Oriente que no estaba bajo control persa. El rey Nabonido, que estaba en conflicto con el poderoso sacerdocio de su capital por una reciente serie de reformas, perdió una batalla contra Ciro y luego fue traicionado por sus sacerdotes, que abrieron las puertas de Babilonia a los persas. Ciro aprovechó las circunstancias de la victoria y luego de enviar saludos a todos los rincones del imperio, dejó en libertad algunos pueblos que habían sido trasladados a la fuerza -una costumbre de imperios anteriores que Ciro eliminó, ganándole la lealtad de muchos- y echó para atrás las reformas religiosas de Nabonido en Babilonia.

En el resto del Imperio, Ciro estableció un régimen que combinaba autonomía local con impuestos regulados e inversión en caminos y seguridad para el comercio. La religión persa, que tenía por principio la tolerancia religiosa, ayudó a que las atrocidades cometidas por antiguos monarcas no se repitieran. De igual forma, para guardar las apariencias legales, Ciro asumió todos los títulos de los reinos conquistados, siendo a la vez rey de Persia, Media, Lidia y Rey de reyes Babilonio.  

Ciro murió en el 529 A.C luchando contra tribus escitas en el norte, pero su imperio sobreviviría dos siglos y establecería las reglas para todos los imperios que lo sucedieron, desde el macedonio, el romano, hasta imperios modernos como el británico.

Ganar legitimidad para gobernar por siempre.

La sostenibilidad de una victoria está estrechamente relacionada con las condiciones de consolidación del poder adquirido. Ciro comprendió muy rápido los factores que podían garantizar que su imperio prevaleciera en el tiempo. Primero, los imperios que habían precedido al suyo utilizaron el terror y la opresión para controlar a sus conquistados. Esto funcionaba bien en los primeros momentos, disuadiendo posibles rebeliones, pero pronto sembraba discordias y tendía a los sentimientos de revancha y libertad que inevitablemente llevaba a revueltas y traiciones de los súbditos. El modelo de conquista misericordiosa de Ciro llevó a que, con contadas excepciones que se centraban en la misma nobleza persa, las revueltas en el imperio fueran raras y pocas veces mayores a rebeliones concentradas.

Lo segundo que comprendió Ciro fue la importancia de ganar no solo el respeto -más que el temor- sino la lealtad de los nuevos súbditos. Ciro fue siempre muy ingenioso en las formas de encontrar los intereses de los pueblos conquistados, manteniendo en el poder a los nobles de las naciones bajo su imperio -que se encargarían de controlar a los súbditos- y estableciendo reglas e instituciones en su imperio que volvían atractivo permanecer en él. De igual forma, sus decisiones religiosas -en Babilonia, pero también en general en su imperio- le permitieron ganar la lealtad de aquellos que validaban su dominio desde la tradición religiosa.

Lograr una posición de poder -sobre todo desde un lugar menor, como el caso de Ciro- implica siempre la cuestión de la legitimidad y genera riesgos de resistencia de los nuevos subordinados. La legitimidad es una cuestión de merecimiento, es decir, se refiere a la pregunta de ¿por qué se encuentra en ese lugar? ¿no habrá alguien mejor o que merece más ese lugar? Responder estas preguntas requieren una mezcla difícil de alcanzar entre fortaleza y empatía, determinación e ingenio que lleve a ganarse el respeto, validar la nueva posición y a la vez ganar lealtades.

Aún así.

La preocupación por construir lealtad en los subordinados -sobre todo los nuevos- y construir legitimidad en una posición adquirida es fundamental para consolidar y garantizar un puesto de poder. No tiene excepciones claras o relevantes.

Verbis: Pitágoras y la manera de hacer amigos.

Lectio XIV: Aliarse lejos, combatir cerca.

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