¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio VI: Lo que oculta la fricción.

  Las tropas espartanas que luchaban bajo el regente Pausanias cargan sobre los desmoralizados infantes del ejército persa comandado por Mardonio en la batalla de Platea.

Las tropas espartanas que luchaban bajo el regente Pausanias cargan sobre los desmoralizados infantes del ejército persa comandado por Mardonio en la batalla de Platea.

El gran plan de Jerjes

El estrecho del Helesponto separa a Europa de Asia y aunque en algunos puntos no tiene más de 1.5 kilómetros, las fuertes corrientes que lo atraviesan dificultan bastante su cruce por parte de un gran ejército como el que en la primavera del año 480 A.C Jerjes, rey de reyes del Imperio Persa, comandaba en su invasión de Grecia. De hecho, el primer puente de barcas que los ingenieros persas levantaron sobre el estrecho fue hundido por las olas y el silbante viento; el frustrado monarca persa no tuvo más remedio que levantar otro puente, retrasando algunos días el cruce de sus fuerzas, y mandar azotar al mar por oponerse a la voluntad del amo del mundo conocido.

Una vez superado este obstáculo, Jerjes y su ejército de al menos doscientos mil hombres se adentró en las montañosas regiones de Tracia y poco después consiguió la rendición del rey de Macedonia. Por aquellas regiones, sus ingenieros habían estado abriendo grandes canales en la costa del monte Attos, que evitaban que su enorme flota naufragara en los peligrosos bajíos, como en la fallida invasión del año 488. Luego se dirigió al sur, tomando sin mucha resistencia las planicies de Tesalia, mientras las escazas y desorganizadas fuerzas de las ciudades estado griegas se retiraban a su paso. 

Jerjes estaba probablemente satisfecho, años de planificación estaban surtiendo efecto. Ocho años había demorado en organizar uno de los ejércitos más numerosos de la historia -solo la logística necesaria para su aprovisionamiento suponía un enorme logro-, sus ingenieros habían resuelto los riesgos de los escollos del monte Attos y el cruce del Helesponto en el largo puente de barcas. No solo eso, meses de actividad de su red de enviados y espías había reducido la alianza de ciudades estado griegas que se le oponían a poco más de una docena de resignados enemigos.

Y sin embargo, las dificultades empezaron a acumularse. En primer lugar, lo que debieron ser sencillos enfrentamientos con las reducidas fuerzas griegas en el paso de las Termópilas y el estrecho del cabo Artemisio se convirtieron en desgastantes y costosas victorias. La frágil alianza griega resistió todos sus intentos de romperla con una frustrante mezcla de terquedad y la imposibilidad de alcanzar una victoria decisiva. La enorme flota persa fue golpeada por varias tempestades, reduciendo sus fuerzas, y por fin fue derrotada por la flota aliada en la batalla de Salamina. 

Llegado el invierno, Jerjes se retiró a sus dominios, dejando una fuerza reducida -pero aún superior a los griegos- con la misión de terminar de conquistar el sur de Grecia, que aún resistía. Pero el año siguiente, en las llanuras de Platea, los persas fueron derrotados, no en menor medida, porque su comandante, Mardonio, murió de un golpe de piedra en la cabeza a mitad del combate. Los griegos ganaron así la Segunda Guerra Médica contra el poderoso imperio Persa. El gran plan de Jerjes para conquistar Grecia había fracasado.

La fricción.

El gran tratadista militar alemán Carl Von Clausewitz llama a los imprevistos inevitables de la guerra "fricción". En efecto, Clausewitz señala que la guerra supone siempre un esfuerzo en un medio que genera resistencia y que todo plan que se haga al inicio de una campaña tenderá a encontrarse con inevitables, pero inesperadas, dificultades. 

Así, la fricción puede entenderse como el efecto de la realidad sobre la intención de los planes iniciales, y en términos efectivos, puede verse como una Ley de Murphy aplicada al escenario bélico: "todo lo que puede pasar, pasará".

Ahora bien, la fricción puede aplicarse a cualquier otra empresa humana más allá de la guerra. Todo esfuerzo determinado y sistemático por alcanzar un objetivo supone algún tipo de plan, y todo ejercicio de planeación -nos dice Clausewitz- está sujeto al efecto de la realidad sobre el ideal, lo que pasa sobre lo planeado.

Jerjes tenía un muy buen plan, vastos recursos a su disposición y un contexto general favorable para su éxito. Y sin embargo, perdió. La fricción no fue la culpable de su derrota -para eso estaban los griegos- pero los imprevistos convirtieron un casi seguro éxito en una vergonzosa derrota para el imperio más poderoso de la época. 

Clausewitz señala en su obra "De la guerra" varios elementos que constituyen la inevitabilidad de la fricción. Pero quizás los más comunes -y aplicables al caso de Jerjes en la Segunda Guerra Médica- son la información incompleta respecto al enemigo y la sobrestimación de las fuerzas propias. De igual forma, están los accidentes del azar, que se configuran como la manifestación más común de la fricción, como las tempestades que debilitaron su flota.

Ahora, incluir la fricción en la planeación o la estrategia no supone rendirse a la fortuna. La fricción puede gestionarse. Sobre todo, al incluirla sobre las variables del análisis y particularmente, al incluir un espíritu de flexibilidad en la ejecución de los planes que permita improvisar y hacer ajustes en el camino de la implementación. Esa es la clave para administrar el azar: tener margen de maniobra.

Aún así.

Aunque la agilidad para cambiar o afinar un curso de acción sea beneficioso en casi todos los escenarios de planeación, hay que ser sensatos respecto a los márgenes otorgados. En efecto, un plan demasiado flexible deja de ser un plan. La improvisación debe ser una posibilidad, casi un apéndice, al plan, pero nunca el principal insumo de un esfuerzo sistemático y determinado por conseguir un objetivo.

Lectio VII: Apuntar a la cabeza.

Verbis: Sun-Tzu y las apariencias que engañan.

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