¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio V: La táctica de la cruzada.

 Alejandro Magno luchando en la batalla de río Gránico.

Alejandro Magno luchando en la batalla de río Gránico.

La venganza de los griegos

El padre de Alejandro, Filipo de Macedonia, murió asesinado durante la boda de su hija en el año 336 A.C., el joven príncipe tuvo que consolidar su poder con varios golpes políticos y militares a los apenas dieciocho años. De estos espacios de poder, Alejandro retomó con más entusiasmo el liderazgo macedonio de la Liga Helénica sometiendo a las ciudades griegas que se rebelaron ante él, creyendo que el hijo sería menos determinado que Filipo. La Liga había sido creada por su padre con un único propósito: liberar a las colonias griegas en la costa de Anatolio (actual Turquía) que estaban bajo el poder de los persas. Alejandro, siguiendo el sueño de su padre de luchar contra el Imperio Persa, añadió un motivo de su autoría: quería vengarse de la invasión persa del año 480 A.C. y la destrucción que había llevado a Grecia.

Durante la invasión, luego de que las ciudades griegas fueron liberadas, Alejandro empezó a cambiar la retorica, ahora quería tomar la capital persa, Persepolis, donde los reyes persas se habían congraciado de su invasión a Grecia y el saqueo de Atenas y, por supuesto, quería vencer al rey persa Darío, en el campo de batalla. Una vez esas dos cosas sucedieron; Alejandro derrotó finalmente a Darío en la batalla de Gaugamela y quemó Persepolis en venganza por Atenas, el discurso cambió nuevamente. Ahora Alejandro volvió oficial lo que hasta entonces solo había hablado a sus más próximos: quería conformar un imperio universal, donde reinara la paz y la prosperidad. Este motivo le serviría para terminar la conquista del viejo imperio Persa en las recónditas regiones de Asia central, en lo que actualmente es Afganistán  y Pakistán.

Sus soldados lo siguieron hasta límites insospechados, recorriendo en diez años miles de kilómetros en agotadoras marchas, asedios, asaltos y batallas por lo que para un griego de la época sería "todo el mundo conocido". De igual forma, la campaña de Alejandro se inscribió en los mitos de la época por sus objetivos superiores. Alejandro fue el vengador de los griegos -mejorando su posición en la siempre convulsa Liga Helénica-, pero también el creador de un imperio de civilización y armonía -al menos pretendida- que le permitió acercarse a sus nuevos súbditos persas de las docenas de nuevas naciones bajo su poder.

La táctica de la cruzada

Las personas, excepción solo dada en raros casos, odian a los cínicos; necesitan creer en algo y les desconciertan las personas que ven las cosas como son y no como deberían ser. Dar a los subordinados algo en que creer es una estrategia simple, pero poderosa; les permite una reconfortante sensación de comunidad y una mayor de significación, de saber que están haciendo algo con sus vidas, peleando o trabajando por algo más grande y noble que ellos mismos y que su propio líder. Son pocos los que marchan una hora más con el bagaje al hombro solo por los incentivos económicos, al igual que el hombres que trabaja las horas extra o empuja su creatividad al límite por el bono al final del mes. La excelencia es hija de la inspiración, no del cálculo.

Dar una platina de cruzada a un objetivo común de un grupo u organización no es sencillo. Pero se puede empezar por tener estas tres cosas en cuenta.

Proclamar la guerra santa

Antes de iniciar una gran campaña o un proyecto especialmente difícil, hay que plantear a líderes y subordinados que el esfuerzo a realizar busca algo más grande que ellos mismos, la simple ambición, los hombres que lo persiguen y sus propias ambiciones. Nunca es bueno iniciar una guerra por razones propias; las guerras personales son terriblemente impopulares y difíciles de ganar. Suele ser mejor cubrir las ambiciones propias (o las de un grupo) con la platina de la gran causa; no es recomendable subestimar el poder de explotar el potencial moral de un conflicto.

Satanizar al  enemigo

Nunca se recibe más apoyo que cuando se enfrenta al mal. Por eso es sensato recordar que el enemigo nunca es bueno, ni hace las cosas por razones morales, ni respetables, ni justas; él es todo lo que se debe odiar y lo que los subordinados y la opinión pública deben odiar. La guerra -el proyecto, el esfuerzo, la decisión- es justa pues la existencia y el accionar de los enemigo es injusto y malvado; hay que insistir hasta el fanatismo.

Ser el modelo de moral

Por supuesto, toda perversidad se antepone a un modelo de virtud. Hay que procurar que, si bien el enemigo es el mal encarnado, la imagen propia solo represente la de la rectitud y la moral y, sobretodo, sea todo lo contrario al decadente contrincante. Poco después de que Martin Lutero publicó Las noventa y cinco tesis, una critica airada a la Iglesia Católica de la época, el Papa León X empezó una campaña para desprestigiar al monje alemán. Sin embargo, Lutero, que de por si ya era aun hombre juicioso, enfatizó en su humildad y compromiso con dios, mostrándose tan puro y vacío de ambiciones, que los esfuerzos del Papa solo convencieron a la gente de la autenticidad de Lutero y la perfidia de la Iglesia. Así pues, hay que realizar actos significativos que resalten la rectitud y moralidad propia mientras se continúa acentuando el carácter malvado del enemigo. Lutero, por ejemplo, renunció al dinero que sus escritos le producían para darlo a los pobres, para luego dar sermones sobre los lujos del papa.

Aun así

La táctica de la cruzada puede ser peligrosa por dos razones principalmente. La primera es que, una vez se haya proclamado la cruzada, planteado el enemigo e iniciado las hostilidades, el esfuerzo bélico se salga de las manos. Al perder el control, además de la imposibilidad de imponer los deseos propios, la cruzada puede desgastarse con facilidad y terminar en nada. Esta es una de las explicaciones por las cuales Las Cruzadas para conquistar la Tierra Santa durante la Edad Media fracasaron. Nunca hubo un líder concreto del esfuerzo bélico que enfrentara las amenazas de las potencias árabes y con el tiempo el interés de los países europeos se centró en sus propias naciones y no en las zonas de enfrentamiento, abandonando a los estados cristianos que allí se habían creado, para su paulatina derrota. 

En segundo lugar, nunca es bueno tener un ejército de fanáticos medio tontos. Por más que puedan resultar intimidantes y abnegados, controlarlos puede resultar difícil, además de que se nublará con mucha facilidad su capacidad de tomar decisiones, perdiendo el criterio; convirtiéndose en inconscientes que pelean contra un enemigo odiado, pero ignorantes de como hacerlo bien. 

 

Verbis: Marco Aurelio y lo que le conviene a los hombres.

Verbis: Napoléon y el caos de la batalla.

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