¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio II: Flanquear al enemigo.

  Anibal Barca, general cartaginés.

Anibal Barca, general cartaginés.

Aníbal y la batalla de Cannas

Aníbal Barca había provocado, con intención, la segunda guerra entre Roma y Cartago, atacando a un aliado de los romanos en Hispania. Los romanos respondieron con la declaración de guerra, pero esperaban librarla, como la primera, allende al mar, donde su flota dominaba el mediterráneo. Aníbal se embarcó entonces en una de las empresas militares más osadas de la historia, cruzó España, el sur de Francia y los Alpes para llegar a la misma Italia, donde los romanos no lo esperaban ni por asomo. Los derrotó en tres batallas consecutivas antes de dirigirse al sur, Aníbal quería una batalla espectacular, que persuadiera a las ciudades italianas aliadas de Roma a abandonarla y así poder obligar a la ciudad a rendirse.

Para provocar a los romanos, Aníbal acampó a las afueras de la ciudad de Cannas, donde se encontraban grandes depósitos de grano que Roma necesitaría para alimentar a su gigantesca población durante el invierno. Los romanos respondieron reclutando el ejército más grande que habían reclutado hasta la fecha, con unos 80.000 infantes y unos 2.000 hombres de caballería y, comandados por los dos cónsules, lo dirigieron al sur, en persecución de Aníbal. Uno de los dos cónsules romanos, Varrón, era un imprudente y engreído nuevo rico que deseaba derrotar a Aníbal de cualquier costo con tal de alcanzar la gloria. Su compañero, Lucio Emilio Paulo, por otro lado, creía en la prudencia. El problema era que, siguiendo una norma que copiaran de  los atenienses (bastante obtusa, por cierto) los romanos exigían que cada uno de los cónsules mandará el ejercito durante un día; un día uno, al siguiente día el otro y así sucesivamente, durante las campañas. 

Los dos ejércitos se encontraron por fin, cerca a la ciudad de Cannas. Aníbal había escogido un terreno donde la superioridad numérica de los romanos quedaba anulada; el río a un lado y unas colinas al otro, dejando en el medio un espacio demasiado angosto. Emilio Paulo era consiente de esto y manifestó su inconformidad con pelear en tales condiciones, las de Aníbal en cualquier caso, pero Varrón, ansioso por derrotar al cartaginés y reclamar la gloria de salvar a Roma para sí mismo, insinuó que Paulo era un cobarde y dejó clara su intención de atacar a Aníbal apenas tuviera la oportunidad. Emilio mantuvo las tropas a distancia mientras estuvo a cargo, pero Varrón las acercaba al ejército enemigo cuando era su turno como comandante y después de varios días de avances y retrocesos, Varrón se salió con la suya y la batalla fue inevitable.

Era precisamente lo que Aníbal quería. En la disposición de la batalla, los romanos emplazaron a su infantería en el medio y su caballería a los costados. Aníbal hizo otro tanto, pero con algunas curiosas variaciones, los infantes en el centro se habían formado en una media luna, mientras otras dos unidades de infantería integraban, un poco más atrás, los flancos, y en los extremos había emplazado a su caballería. Al iniciar el combate, las unidades de caballería chocaron, la caballería de Aníbal, muy superior en movilidad y experiencia a la romana, pronto la puso en fuga, persiguiéndola en su retirada. Mientras tanto, en el centro, los romanos obligaban a la media luna de la infantería de Aníbal a retroceder, convirtiéndola de su inicial forma convexa en cóncava, pero entonces, cuando los romanos creían que la batalla estaba ganada, las unidades de infantería de los flancos de Aníbal, que se habían mantenido como reserva, rodearon los flancos romanos y, para su mayor confusión, la caballería cartaginesa, que volvía de perseguir a los jinetes romanos, se abalanzó sobre su retaguardia. Entre la confusión y desesperación reinante, el resultado fue una masacre; de los 82.000 romanos que pelaron en Cannas, por lo menos 70.000 murieron y unos 10.000 fueron hechos prisioneros.

Entre los muertos había 70 senadores, docenas de pretores y el cónsul Lucio Emilio Paulo, irónicamente Varrón sobrevivió al desastre que él mismo había provocado. Los cartagineses, por otro lado, perdieron solamente entre cinco o seis mil hombres. Cannas fue uno de los mayores desastres militares que sufriera Roma y solo hasta la batalla del Somme, en la primera guerra mundial, se verían tantos muertos en tan poco tiempo. 

Hacia el costado

La lógica común; la de las personas de a pie, dicta que las batallas se peleen de frente, fuerza contra fuerza, puño contra puño, los golpes se dirigen a la cara, nunca al estomago, a los costados y, mucho menos, por la espalda. Error de errores, los mejores generales de la historia siempre han ganado evitando este tipo de confrontación. Aníbal así lo hizo, primero, manipuló a los temperamentales y orgullosos romanos para que pelearan la batalla que él quería y peor aun, en las condiciones que le eran más favorables. Golpeó donde más les dolía, en su orgullo, al derrotarlos rápidamente en tres batallas, y en sus suministros de alimentos, obligándolos a reaccionar de forma exagerada e inconsciente. Durante la batalla, se aprovechó de la sensación de seguridad que los romanos tenían en su número y en su disciplinada infantería, dándole una carnada: el retroceso de su infantería en el centro era una treta más, les daba una falsa confianza a los romanos de que estaban ganando, evitando así que se dieran cuenta de que en realidad serían rodeados y los introducía lentamente en su elaborada trampa. Finalmente, dio el golpe maestro, el doble flanqueo y el rodeo a sus tropas.

En tal situación, los romanos reaccionaron como lo haría cualquier ser humano, con desesperación y confusión, sin saber nada de lo que pasaba en otros lados del campo de batalla y, recibiendo noticias de que los cartagineses los atacaban por todos lados, la esperanza de sobrevivir pronto fue nula. Los romanos combatieron heroicamente, pero eso no bastó para detener lo que era una batalla perdida desde un comienzo.

Se suele educar a las personas para que le planten la cara a los problemas, nunca para que los ataquen por el costado, está en sus cabezas y lo ponen en práctica día tras día, sin siquiera darse cuenta del error. La táctica del flanqueo busca cambiar esto, en primer lugar, sorprende a un enemigo desprevenido y en segundo lugar, reduce al contrincante a un estado de desesperación, donde se siente atacado por todos lados e inevitablemente cometerá errores o, si todo sale bien, se rendirá en su desconcierto, por la imposibilidad de hacer algo para evitar su derrota.

Aun así

Por supuesto, hay que tener precauciones cuando se usa el flanqueo. En el 480 A.C. un gigantesco ejercito persa invadió Grecia, los griegos tomaron entonces el paso de las Termopilas como punto de defensa, enviando al rey espartano Leónidas al mando de 10.000 hombres, entre ellos 300 espartanos que le servían como guardia personal. Jerjes, rey de los persas, y sus 250.000 soldados, intentó superar la posición griega, pero para su desconcierto, sus infantes no podían hacer nada contra la fuerte resistencia de los hombres de Leónidas y murieron por cientos durante dos días de combates, sin lograr ningún avance. Al tercer día, un traidor griego le vendió al rey persa un paso secreto por las montañas, por el cual podía rodear la posición enemiga y atacar a los griegos por la espalda. Jerjes envió unos 10.000 hombres para realizar esta tarea. Leónidas, avisado de la maniobra del rey persa, licenció a su ejército, pues sabía que la batalla estaba perdida y para darle tiempo de huir se quedó en el paso, con sus 300 espartanos y otros 700 hombres de Tespias y Tebas que se negaron a dejarle sólo. Los persas atacaron entonces por todos lados, rodeando a los griegos, que habían formado en cuadro sobre una colina. A medio día, los persas retrocedieron, a Jerjes le informaron que sus perdidas eran extraordinarias, Leónidas había perdido hombres también, pero se sostenía. Jerjes decidió terminar el trabajo con sus numerosos arqueros, que acribillaron a los hombres de Leónidas.

Aunque la batalla de Termópilas terminó en una victoria para los persas, las pérdidas en hombres, pero sobretodo en moral, fueron devastadoras. Serían todo derrotas en adelante para los persas, cuya invasión fracasaría al año siguiente, teniendo que abandonar Grecia en franca retirada.

Así pues, flanquear al enemigo es siempre inteligente, la estrategia de Jerjes parecía tener sentido. Era la típica estrategia de rodear, entonces ¿qué salió mal? Lo siguiente, Jerjes puso a los griegos en una situación desesperada, tanto, que ellos no pensaron en salvar su vida sino en cobrar cara su muerte, pues sino se le da al enemigo la oportunidad de huida pelearan como nunca lo han hecho, la mayoría de las veces, haciendo muchísimo daño en el proceso. Se podrá ganar al final, seguramente, pero ¿a qué precio? Hay que darle entonces siempre la oportunidad de huir; la gente nunca es tan cobarde como cuando sabe que puede vivir un día más si se rinde.

Verbis: Ovidio y el aprendizaje de los enemigos.

Verbis: Eurípides y los castigos de los dioses.

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