¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio IX: Los peligros de hacerle sombra al Rey.

  Flavio Belisario en un mosaico de la catedral de Ravena, en el norte de Italia.

Flavio Belisario en un mosaico de la catedral de Ravena, en el norte de Italia.

Las victorias de Belisario

Justiniano I fue quizás uno de los más importantes emperadores del Imperio Romano de Oriente. Al llegar al poder, sucediendo a su tío Justino, Justiniano gobernaba sobre la metrópolis de Constantinopla, además de las posesiones romanas en Grecia, Anatolia, Siria, Judea y Egipto. Unos cincuenta años antes, el último emperador del Imperio Romano de Occidente había sido depuesto por un jefe bárbaro en Roma y para efectos de Justiniano y sus compatriotas, el viejo Imperio residía ahora en Oriente. 

Pero la ambición de recuperar las posesiones occidentales romanas, perdidas en décadas de invasiones bárbaras, nunca abandonó a los gobernantes de Constantinopla. Una oportunidad como pocas llegó en el año 533 D.C., cuando las intrigas familiares de los gobernantes vándalos del norte de África dieron una oportunidad a Justiniano de intervenir. Para esta peligrosa misión, el emperador escogió a un brillante general que se había destacado en la reciente guerra contra el imperio persa de los Sasánidas en Oriente: Flavio Belisario.

Las envidias palaciegas y la difícil situación económica del Imperio por la larga guerra llevaron a que la expedición contara con pocas naves y apenas quince mil hombres. Belisario se demostró sin embargo bastante recursivo (y al menos un poco suertudo en esta campaña) al derrotar a las muy superiores fuerzas vándalas en las batallas de Ad Decimun y Tricamerón. El reino vándalo se cayó a pedazos y pronto su capital, Cartago, y toda la región, cayeron en manos de Belisario y Justiniano. 

La rápida victoria no cayó bien en la corte y pronto algunos generales empezaron a conspirar en contra de Belisario. Temeroso de su popularidad y azusado por injustos rumores sobre su posible rebeldía, Justiniano mandó llamar a Belisario a Constantinopla (una decisión que implicaría una larga guerra civil en la inestable y recién conquistada región africana). El general y el emperador enmendaron sus relaciones rápidamente, lo que llevaría a Justiniano a ordenar a su comandante la conquista de Italia.

La vieja capital estaba en poder de los Ostrogodos, pero la rápida y sopresiva campaña de Belisario los tomó por sorpresa, perdieron Sicilia, Nápoles y Roma en  el año 536 y luego de resistir un fuerte contrataque, llevó sus fuerzas a tomar la capital ostrogoda de Ravena en el 540. Sin embargo, la captura de Ravena quebraría la frágil relación que Belisario tenía con el emperador. Durante el sitio, varios nobles ostrogodos ofrecieron el gobierno de Italia a Belisario si este aceptaba gobernar junto a ellos. Belisario aceptó la propuesta como una posibilidad de entrar en la ciudad, en la que, una vez sus tropas tomaron posiciones, dio muerte a los mandos ostrogodos y capturó la ciudad en nombre de Justiniano.

Pero la historia no gustó en Constantinopla, en donde los demás generales aprovecharon para insistir en el creciente poder y prestigio de Belisario y sus intentos de sublevación como una peligrosa amenaza para Justiniano. El emperador cedió a estos temores y de nuevo mandó llamar a Belisario a Constantinopla. Su ausencia fue aprovechada por los supervivientes ostrogodos para elegir un nuevo rey y recapturar todo el norte de Italia, incluida Roma. Belisario logró convencer a Justiniano de enviarlo de nuevo a Italia, pero el emperador, ya convencido de la supuesta traición de su general, le negó refuerzos y suministros para su campaña. Sin recursos, Belisario fue incapaz de avanzar en contra de los envalentonados ostrogodos.

Finalmente, Belisario fue relevado y su reemplazo, el eunuco Nárses, pudo terminar la reconquista de Italia, apoyado por un ejército más grande, refuerzos y dinero a manos llenas. Belisario se retiró de la luz pública e incluso fue procesado por cargos de corrupción. El episodio es confuso, pero la acusación parece falsa e incluso el mismo Justiniano perdonó a Belisario poco después. Sea como fuera, el general había caído en desgracia y solo volvería a la luz pública para salvar a la desprotegida Contantinopla de una sorpresiva invasión de eslavos en Tracia. Berlisario contaba con la combinación perfecta de paciencia y buen juicio que le permitía esperar, identificar y aprovechar los mejores momentos para atacar al enemigo. Así, de nuevo, derrotó a los eslavos con una escandalosa inferioridad numérica. Regresó victorioso a Constantinopla, en donde un parco Justiniano lo invitaría a regresar al silencioso retiro en el que poco después moriría.

Hacerle sombra al rey

No hay evidencia de que Belisario tuviera intenciones de deponer a Justiniano o serle desleal. Incluso en momentos en los que pudo presionar al emperador o echarlo de su puesto, el habilidoso general siempre reafirmó su compromiso con su gobernante. Sin embargo, su habilidad y éxito se volvieron en una exasperante realidad para sus enemigos y su propio jefe.

Episodios como el ocurrido en Ravenna tampoco ayudaron a despejar las dudas que los generales celosos y el emperador tenían sobre su lealtad, pero era su talento lo que más los frustraba. El hecho de que Belisario alcanzara la victoria contra todo pronóstico -con la notable excepción de su segunda campaña en Italia- lo condenó a poder alcanzar una posición más alta en el Imperio e incluso, concretar sus conquistas en Occidente.

Justiniano necesitaba de Belisario -aunque contara con otros generales talentosos como Nárses-, pero la posición de los emperadores romanos siempre se habían visto amenazada por talentosos hombres de armas que fueran capaces de ganarse la lealtad del ejército y demostraran poder ser más aptos en el trono que los políticos y nobles de Constantinopla. Su desconfianza, aunque explicada por las conspiraciones de generales rivales y algo de envidia, era entendible dado el contexto. De parte de Belisario, el hacerle sombra a su rey, con pocas consideraciones y un manejo político en ocasiones torpe, lo condenó.

Aún así.

La relación de Jutiniano y Belisario se produjo en un momento de jerarquías, traiciones e inestabilidad suficiente para que la desconfianza fuera la regla. Y aunque se puede interpretar para contextos actuales, la realidad es que su nivel de paranoia tiene matices en las organizaciones actuales. Destacarse en las acciones es necesario para avanzar, por supuesto. 

 

 

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