¿Podemos encontrar lecciones vitales, organizacionales y empresariales en las decisiones y acciones de los grandes estrategas y tratadistas militares de la antigüedad?

Strattegos es un esfuerzo por reconstruir la sabiduría de los líderes políticos y militares de la historia para la gerencia, el gobierno y el liderazgo contemporáneo.

Lectio VIII: Conocer los límites propios.

 Ilustración de una batalla anónima en la confrontación entre ciudades-estado griegas durante la Guerra del Peloponeso.

Ilustración de una batalla anónima en la confrontación entre ciudades-estado griegas durante la Guerra del Peloponeso.

La expedición de Atenas a Sicilia

La guerra del Peloponeso fue un conflicto fundamental que vio el final de la edad de oro de las ciudades-estado griegas y enfrentó por la hegemonía de Grecia a Esparta y Atenas. Entre el 431 y el 404 a.c. se libraron docenas de batallas, asedios y contrasedios; los democráticos atenienses y su alianza imperial de la Liga de Delos sumaban su poder comercial a su enorme y experimentada flota de guerra, mientras que los espartanos y su Liga del Peloponeso se especializaban en su fuerza terrestre.

Veinte años de guerra transcurrieron sin que ningún bando lograra un avance significativo sobre el otro. Armisticios se celebraban de vez en cuando para dejar descansar a los agotados ciudadanos y soldados de las ciudades en contienda. En la mayoría de ocasiones fue Atenas la primera en romper, forzar o violar estas treguas. 

La última ruptura vino luego de que en medio de un cese al fuego, la ciudad Siciliana de Segesta pidiera ayuda a su aliada Atenas por la guerra que libraba con la vecina Siracura. Los siracusanos activaron a su vez su alianza con Corinto y Esparta y la guerra se reactivó rápidamente. Los atenienses votaron por enviar una importante expedición a Sicilia, que incluía buena parte de sus fuerzas disponibles. En la asamblea ateniense se enfrentaron los defensores de la expedición, liderados por Alcíbiades, y los consejeros de la prudencia, en cabeza de Nicias. Los primeros ganaron, soñando las posibilidades que extender el imperio ateniense al occidente representaban.

Pero los problemas de la expedición empezaron incluso antes de que sus barcos abandonaran en puerto de El Pireo. A poco días de la partida, varias estatuas de la fertilidad fueron mutiladas en la noche y el líder de la expedición, Alcíabiades, fue acusado del crimen. Temeroso de una represalia de sus numerosos enemigos, el político ateniense huyó de la ciudad e incluso se pasó al bando de los espartanos. El mandó pasó entonces a nadie menos que el líder de la oposición a la expedición, Niceas, que tuvo que cumplir la voluntad de la asamblea de llevar la guerra a Sicilia.

Una vez en Sicilia, las fuerzas atenienses obtuvieron pequeñas victorias que los llevaron a poner sitio a la fortificada Siracura. Los siracusanos no eran débiles. Su ciudad era próspera, su población grande y su ejército probado en batalla. El sitio se alargó y los recursos atenienses -junto a la moral de sus hombres- empezó a flaquear ante la resistencia de Siracusa. Nicias tenía poca iniciativa como comandante de los atenienses, pero no tenía suficientes hombres para cercar toda la ciudad y las fuerzas siracusanas empezaron a realizar salidas y hostigamientos que redujeron aún más sus posibilidades.

Pronto se unió un general espartado a las fuerzas siracusanas, Gilipo. Ahora en la ofensiva, los siracusanos derrotaron en sucesivas salidas a los atenienses. Desesperados, los generales atenienses decidieron retirarse a una de las ciudades aliadas de la isla, pero un eclipse solar tomado como un mal augurio retrasó la partida y los agotados atenienses fueron atacados por las fuerzas siracusanas y derrotados completamente. Nicias y todos sus hombres fueron muertos y capturados y vendidos como esclavos. La gloriosa expedición ateniense terminaba.

No era la primera vez, campañas similares (lejos de la ciudad, respondiendo a un conflicto ajeno y en relativa inferioridad de recursos) habían llevado a desastres en Egipto, en Jonia y en Chipre en los cien años anteriores a Sicilia. Atenas era una ciudad aventurera, pero sobre todo, imprudente. Una mezcla de optimismo desbordado y el mecanismo democrático directo ateniense -que lo volvía propenso a la manipulación demagógica- parece explicar que la ciudad fuera tan torpe al momento de decidir en este tipo de empresas.

Error de auto percepción

Se pueden cometer, sobre todo, dos errores comunes de auto percepción antes de tomar una decisión.

El primero es hacerlo con poca información. Dice Sun-Tzu que quien se conoce a si mismo y al enemigo no encontrará la derrota en mil batallas. En efecto, un error común es lanzarse a desarrollar un proyecto antes de tener claridad sobre los recursos propios a disposición e igualmente, los recursos del contrincante o las posibles circunstancias que pueden dificultar que se logre el objetivo del esfuerzo. Decidir y actuar sin información es caminar a oscuras, las tenues formas y la determinación propia pueden llevar a una persona durante un trecho, pero los tropiezos serán inevitables.

El segundo error común es la sobre-estimación de las fuerzas, recursos y posibilidades de éxito propias. El optimismo es ante todo una virtud. Pero su exceso -como todo- puede llevar a cometer grandes errores de cálculo. Los atenienses solían sobre estimar sus fuerzas y capacidades para lograr sus objetivos. Esta no era una seguridad salida de mentiras, la audacia, fuerza e ingenio de Atenas la había llevado a la cima del poder justo antes del desastre en Sicilia, pero es precisamente la convicción salida de la victoria la que debe evitarse.

Aún así.

Esta no puede ser, por supuesto, una excusa para la mediocridad o el miedo. Dejar de actuar por encontrar difíciles posibilidades de éxito no es la solución a esas bajas probabilidades. Por supuesto, hay que considerar siempre todas las variables antes de tomar la decisión de actuar. La bravura inconsciente no es más que imprudencia, no valentía.

Verbis: Vegecio y el agotamiento de los hombres.

Verbis: Vegecio y la clave de la victoria.

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